miércoles, 7 de diciembre de 2011

Entrega de notas

Eladio era el más ilustre matemático de la ciudad. Aquel lunes, había quedado de entregar las notas a las 3:00 de la tarde, pero llegó mucho más temprano, calculando que sus alumnos no estarían allí todavía. Destapó su maletín de cuero, sacó los registros y esperó. Los minutos pasaron y lentamente se convirtieron en horas. Nadie llegó. Aquella noche, de regreso a casa, con la planilla en la mano, entendió perfectamente que sus estudiantes estaban muy bajos de nota.  

viernes, 14 de octubre de 2011

Oficio de payaso

El reloj despertó a las 8 de la mañana, como de costumbre. Hacía apenas 4 horas que había conciliado el sueño. Se maquilló rápidamente frente al espejo del baño. Su vestido de payaso estaba húmedo por la jornada del día anterior. Aunque era su día de descanso salió presuroso a la calle de aquella metrópoli que tant dura había sido con él. Caminó por sus calles y llegó hasta el Parque  de Bolívar. Allí se sentó en una  silla y soltó dos carcajadas que retumbaron por toda la ciudad. Aquel día el payaso solo quería hacer eso: reírse de la vida.

martes, 27 de septiembre de 2011

La bailarina

Mientras la bailarina de danza árabe preparaba sus velos para la próxima función, su coreógrafo secreto y silencioso diseñaba para ella un nuevo paso con el que la pondría a bailar con los pies en el aire.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Infidelidad

Guillermo necesitó 30 años para probar el verdadero amor. Cuando llegó al tercer piso de su existencia, se enamoró profundamente de la vida. Durante una década, le fue absolutamente fiel. La idolatraba, la consentía, la cuidaba y le seguía todos sus caprichos. Un viernes en la tarde, mientras revisaba una fotos, descubrió su infidelidad.  Nunca pudo perdonárselo. Guillermo Martínez yace bajo las ruinas de un viejo cementerio

viernes, 16 de septiembre de 2011

Entre letras y realidades

Ella era poetiza; él, cuentista. Sin embargo, no se conocieron por culpa de las letras sino de una mirada que ambos lanzaron entre líneas. Tal vez fue por eso que desde el primer momento desapareció la ficción y los dos escritores compartieron por siempre una misma realidad. 

martes, 30 de agosto de 2011

Lágrimas de mujer

Las lágrimas de Isabel brotaban libres cada que Roberto le contaba su historia. No era un relato trágico, tampoco dramático y mucho menos de terror; era simplemente la narración de la impotencia de un hombre sensible  ante el llanto de una mujer.

sábado, 6 de agosto de 2011

La vuelta

Carlos era un sicario de barrio decidio a todo, menos a amar, porque una mujer con la que se cruzó en su vida paralela de taxista le rompió el corazón. El día que recibió el encargo de matarla a ella, no pudo hacer la vuelta, porque como él mismo lo confesó ante el juez: para matar se necesita tener la sangre fría.   

jueves, 28 de julio de 2011

Indecisión

El balcón de la casa era siempre su lugar para pensar. Allí, Diego leía, escribía y permanecía ensimismado por horas. El balcón era a la vez sitio de reflexión y de vigilancia. Desde allí no sólo veía el barrio en completa perspectiva, sino que podía fisgonear a sus anchas y sin ser visto, a las parejas que se besaban, a los que peleaban, a los niños que tocaban los timbres y salían corriendo, a las vecinas que se robaban las flores de los antejardines, a los jóvenes que armaban sus cigarros de marihuana y a los pordioseros que pedían de puerta en puerta con un discurso aprendido de memoria.

Aquel balcón fue siempre un sitio solitario y silencioso y también se convirtió en palco preferencial. Una noche de solsticio, en aquella tribuna, repasó su vida capítulo a capítulo; la reconstruyó. Escribió una lista sus errores y sus aciertos en la que la primera fue mucho más extensa. Aquella noche la pasó completa mirando hacia la calle y decidiendo qué hacer con su vida. El amor, los negocios, el estudio y el trabajo pasaron por aquella balanza nocturna; sobre todo lo primero. La lluvia pertinaz hizo que los escasos transeúntes que cruzaron frente al balcón pasaran raudos mientras él seguía su tarea. Al amanecer, cuando apareció el sol en el oriente, las decisiones tomadas en aquel balcón estaban escritas en el portátil. Sin embargo, al leerlas en voz alta, Diego recibió un golpe en su interior, algo le dijo que aquellas decisiones ya estaban trasnochadas. Desde entonces, recorre la casa buscando un lugar para pensar.

lunes, 25 de julio de 2011

Cuarto de siglo

Habían pasado 25 años y por primera vez él, lleno de sinceridad y despojado del orgullo que lo caracterizó toda la vida, reconocía sus sentimientos. Mientras tanto, ella  seguía esperando en silencio a que el rosal del patio floreciera en invierno.

sábado, 23 de julio de 2011

Árboles y luces

Aquella madrugada, mientras veía llegar el amanecer a través de una pequeña ventana, acostado boca arriba, amarrado a los lados, con un gran dolor en la parte baja de la espalda  y una buena dosis de morfina en el cuerpo, recordé la sentencia de mi amigo Antonio: “a nadie le gusta viajar en ambulancia, sobre todo si el puesto que se ocupa es el del paciente”. En medio de la traba, al compás de una destemplada sirena, vi pasar rápidamente los árboles de las calles y las luces de la ciudad. Sentí que el mundo estaba en un desorden similar al que tenía mi cuerpo por dentro. Tomé aire, quise calmarme pero no pude, y en medio del desespero pensé en que las ambulancias son lo más parecido a los carros mortuorios. La posición en el vehículo es muy similar. La diferencia puede ser que en las ambulancias el dolor lo tiene el que va acostado y que la velocidad del carro es mayor. Pasaron varios minutos y el dolor de la espalda superó los efectos narcóticos y sedantes de la droga que entraba al cuerpo mezclada con el suero. Al llegar al hospital, los enfermeros me bajaron rápidamente, con sumo cuidado. Al lado, estaba otro vehículo al que me trasladaron. Perdí el conocimiento y aquí estoy esperando. Quisiera saber si las luces del frente son las del quirófano o las del túnel. Son tan similares como las ambulancias y los carros mortuorios.

miércoles, 20 de julio de 2011

Insectario de sueños

Era una casa antigua, con algunas paredes de tapia, un portón viejo y un patio gigante en el que se perdían los recuerdos. Tenía siete habitaciones, una cocina más vieja que la casa, dos baños, un pasillo de los que en los pueblos llaman zaguán, y una sala tan grande como el miedo que me producía quedarme allí solo. También, había un solar con cara de selva amazónica, saturado por un montón de maleza que a mis escasos 10 años de edad me servía para entender el trapecio amazónico del que tanto hablaba el profesor de geografía.  Por más que cortábamos y limpiábamos aquellos arbustos, al otro día amanecían de un tamaño gigante, como sembrados a propósito por algún vecino desquiciado al que nunca pudimos descubrir o por algún sujeto mitológico, al que sólo yo podía ver, que aparecía en las noches, azadón en mano, para hacernos la maldad. A mi primo Luis y a mí nos tocó repartirnos los siete días de la semana para limpiar aquel inmenso solar en el que diariamente construíamos historias y descubríamos diferentes especies de insectos. Ya en la escuela, dos años atrás, la señorita Regina nos había vendido la idea de capturar insectos para coleccionarlos en un corcho cuadrado al que con demasiada obviedad no le cabía otro nombre sino el de “insectario”. Con lluvia o con sol, a mi primo y a mí nos tocaba llegar del liceo a cumplir la tarea de jardineros y campesinos que la tía Fanny nos escrituró. Yo odiaba aquel solar. Todavía lo odio. Gracias a mi tía, a mi primo Luis y a las recomendaciones tempraneras de la señorita Regina, me convertí en un cazador de insectos demasiado sectario. Hoy en día, ese corcho ha crecido desproporcionadamente, tiene clavadas más de 2000 especies y ocupa un lugar  en todos mis sueños.

jueves, 14 de julio de 2011

Frío

Aquella noche, frente al muro de ese frío  callejón, Julio  sintió que el mundo se acababa. Era febrero del 2008 y realmente no fue así.  El mundo siguió su curso, pero Julio perdió el suyo.

miércoles, 13 de julio de 2011

Virus

Aquella mañana, Salvador sintió que su vida llegaba a la frontera. La fiebre era constante, el escalofrío no cesaba, la resequedad en la garganta le molestaba desde la noche anterior y el dolor en los huesos lo amarraba a una sábana con la que no alcanzaba a cubrirse las dos piernas. Tenía los síntomas del virus de moda, aquel del que se enteraba a diario por el pequeño radio de pilas que le servía de conexión con el mundo del que se había aislado. Sabía que su enfermedad no era producto de un contagio, pues hacía más de un año que había decidido vivir solo en aquella montaña y la única persona con la que entraba en contacto cada dos meses era Luisa, la dueña de la tienda de aquel corregimiento perdido en la cordillera.  En cinco ocasiones, ella le había dejado el mercado básico sobre  el mostrador de madera, y él, a su vez, la misma cantidad de veces en un años,  le había dejado el dinero  exacto de la compra. Comenzó a desfallecer. La película de su vida comenzó a proyectarse en su cabeza. Trató de reaccionar, pero no pudo. En medio del delirio, descubrió que estaba enfermo de soledad. No tuvo fuerzas para esperar el mes que le faltaba para regresar a la tienda.

martes, 12 de julio de 2011

Muerto

Al destapar el féretro me sorprendí con el rostro del cadáver. Era casi idéntico a mí, tenía las mismas facciones y hasta se reía igual; pero no era yo. Aquella noche decembrina del 64 entendí que los ataúdes no son más que espejos que reflejan el alma.

lunes, 11 de julio de 2011

En la playa

Gustavo llegó a la orilla y miró fijamente el mar. Por un momento, Andrea se le metió en sus pensamientos hasta que una fuerte ola vino y la arrebató de su cabeza para llevársela mar adentro.

martes, 21 de junio de 2011

la Jefe

Angélica siempre había estado ahí; pero había pasado inadvertida para Luis, que se ocupaba de otras miradas. La vida los puso cerca el día en que ella resultó siendo su jefe. Desde ese momento todo cambió, no propiamente por el rango de ella, sino porque él descubrió que ya no era una mujer prohibida.  Ahora Luis solo espera sus órdenes.

miércoles, 8 de junio de 2011

Desaparecida

Eran las 6. El día comenzaba a asomarse en las cordilleras del oriente. Federico sumaba su cuarta noche en vela y el cansancio cedía su natural espacio a la ansiedad. El ritual se repetía: otra taza de café, un nuevo cambio en el dial del radio, medio cigarrillo y de nuevo cinco líneas construidas durante varias horas que desaparecían de la pantalla con un solo clic. Era jueves. Lo último que escuchó de Alejandra fue el suspiro clásico de la mujer que queda completamente satisfecha después de una noche de pasión, la primera y la única que habrían de vivir. De resto: el celular apagado, su teléfono fijo desconectado, ninguna razón en la oficina y el desconcierto de Amanda, su amiga más cercana. Se habían conocido el sábado en la tarde por razones del oficio de ambos. No hubo muchas palabras, pero sí muchas miradas que lo dijeron todo. El domingo en la tarde se entregaron al placer. Desde entonces Federico no dormía, y no lo volvería a hacer hasta el día que su cuerpo quedó consumido por falta de sueño. Federico sabía todo el fondo de la historia, pero no se atrevió ni a dejarla escrita, ni a contarla. Mientras él dejó que el tiempo y la ansiedad se lo tragaran, Aleja había desaparecido huyendo del verdadero amor.   

domingo, 5 de junio de 2011

La profe

Desde pequeña, Patricia siempre quiso ser maestra de escuela. Se preparó para ello. Estudió en la Normal y luego se tituló en una licenciatura en Idiomas. Más tarde, en la madurez de su vida, hizo la maestría en educación. Quizás, su hoja de vida académica sea la explicación de por qué en 50 años nunca quiso aceptar el amor de Miguel: en la educación primaria, todas las profesoras son señoritas.  

miércoles, 1 de junio de 2011

Rumbos

Esteban era un hombre del pasado y Astrid una chica postmoderna. Él vivía en cámara lenta y ella tenía una vida agitada. Nunca se entendieron. Diez años después de conocerse, Astrid sintió que Esteban, de tanto mirarla, la estaba comenzando a secar. 

lunes, 30 de mayo de 2011

Delito de amar

Jamás había hablado con una mujer delincuente; con una asesina de verdad. Maribel lo era, y por aquellos asuntos laborales, que a veces son inexplicables jugadas del destino, yo estaba allí frente a ella, escuchando sus relatos, sufriendo sus historias. Quizás por eso, aquellas conversaciones me tuvieron en tensión permanente. Temor, curiosidad, miedo y sorpresa; lo sentí todo. No sé cómo, sin darme cuenta, pasaron cinco meses escuchándola. Su vida había sido una verdadera vergüenza social. Cuando ella terminó de hablar, yo empecé a sentir. Desde entonces, no hago otra cosa que cometer el delito de amar.

viernes, 27 de mayo de 2011

Síndrome del pulsador

Sebastián estaba ensimismado con su nuevo Black Berry. Visualizaba videos, escuchaba sonidos, enviaba mensajes, recibía correos e imponía nuevas marcas en sus variados juegos. Entró al mundo de la tecnología gracias a ese regalo de su novia Sofía, con quien se casaría en 10 meses. Metido en una nueva vida virtual perdió la noción del tiempo. Sin darse cuenta, dejó de hablar, perdió la sonrisa, no volvió a salir y comenzó a padecer el síndrome del pulsador. Cinco años después, se desconectó. Salió de su adicción.  Sofía había desaparecido y el mundo real había cambiado a una tecnología más amigable. 

martes, 24 de mayo de 2011

Por deporte

Felipe tenía el cabello largo y los ideales cortos. Esa mañana, cuando despertó, llovía torrencialmente. Se levantó, se asomó a la ventana y sintió unas extrañas ganas de trotar bajo la lluvia. Salió a la calle con espíritu de atleta, pero a medida que fueron pasando las horas, sintió angustia existencial. Su respiración y su ritmo cardiaco se acompasaron con cada paso que daba. Horas más tarde, el planeta giraba al mismo ritmo de los pasos de Felipe. Después de 14 días entendió que si se detenía el mundo se detendría con él. Desde entonces no ha dejado de llover.   

jueves, 19 de mayo de 2011

La imagen del espejo

Teresa era una mujer soltera, joven, atractiva y sin dificultades económicas; pero su vida era vacía, amarga y triste. Sus ojos y su rostro ocultaban un drama interno generado por un espejo. Era una mujer inconforme consigo misma, como casi todas en el mundo; pero siempre estuvo convencida de que su drama era único y especial. Quizás por ello, intentó salir de aquella piscina de llanto en la que se ahogaba y prefirió undirse en un mundo virtual que ella misma construyó para que aquel espejo no le devolviera una imagen que nunca aceptó: la de una mujer feliz con una soga al cuello.

domingo, 15 de mayo de 2011

Amor de llamada

Eran las cuatro de la tarde de un viernes que marcaba una nueva época. Eliécer Jaramillo había salido de su casa diez minutos antes con la idea de llegar temprano a la vieja sala de redacción; había tomado la carrera 70 hasta la calle San Juan y mientras conducía lentamente intentaba negar con los movimientos de sus manos la ansiedad que reflejaba su mirada. A las cuatro en punto, como si se tratara de una cita previamente acordada, sonó el celular.  Eliécer contestó y en cuestión de dos o tres preguntas descubrió que se trataba de un número equivocado. Ninguno de los dos quiso colgar. Ocho días después, Eliécer y María comenzaron una época rara de felicidad y angustia, de mucho sexo y pasión, y de un sentimiento que se terminó seis meses después, justo por una llamada al celular.

viernes, 13 de mayo de 2011

Sombra y rayo

No fue su físico sino su química; es decir, que el efecto no lo causaron sus formas sino su esencia. A veces pasa. Eugenia abrió una hendija por la que entró un fuerte rayo de luz. Desde aquella noche, a causa de un corto saludo suyo en el que se filtró una pequeña confesión, Ricardo la imaginó en silencio muchas veces y la quiso alcanzar. Hoy, Ricardo reconoce que ella siempre fue una oscura sombra en la que nunca imaginó descubrir tantos sentidos, pero que desde aquella tarde en la que pudo leer su esencia entre las líneas de su corto saludo, todo cambió. Han pasado varias noches y aunque su aroma impregna a Ricardo totalmente y él hace de todo por llegar a ella, cada vez se convence más de que Eugenia ya no es una sombra, sino un rayo inalcanzable.

martes, 10 de mayo de 2011

Miradas

La mirada duró menos que el suspiro; el ejemplo perfecto para aquello que el profesor Vásquez denominó con maestría "una mirada flecha". Fueron escasos dos segundos en los que literalmente el tiempo se detuvo. Paula en el Metro, y Andrés  en la estación. Se miraron con señales de pasión y de lujuria.  Andrés alcanzó a identificar una huella de angustia en los ojos azules de aquella mujer que detrás del vidrio le miraba a la espera de una señal, que en 20 años nunca había llegado. Los ojos de Andrés se tornaron neutros y escondieron con magia el sufrimiento que querían expresar. Cuando el Metro salió para la siguiente estación, ya no hubo ojos, sólo lágrimas y recuerdos. Un extraño gozo se sintió en los pasillos y Andrés desapareció para siempre.  

domingo, 8 de mayo de 2011

Aeropuerto

A las 11 y 17 de la noche pregunté por última vez. "No es problema nuestro, señor, ya le dije que el aeropuerto de su destino estuvo cerrado toda la tarde y eso retrasó todos los vuelos", indicó la auxiliar de tierra, mientras corregía algo en su peinado. "En unos 40 minutos estaremos llamando a bordo", agregó. Mi cita con el destino era a las 8:00. Ya tenía tres horas de retraso y con lo del vuelo serían casi cinco. Ese tipo de cosas no suelen ocurrir porque sí, las coincidencias son encuentros del destino previamente establecidos. En ese instante tomé una decisión pragmática: el destino tendrá que esperar.  

jueves, 5 de mayo de 2011

Frío

El frío  era terrible. Eran las 2:30 de la mañana y Maritza seguía congelada en su cama con el control remoto en la mano, dándole vueltas a los canales de su televisor. Fue a la cocina, se preparó una aromática y de paso para la cama, sacó una cobija más del armario.  A las 4:00, decidió  tomarse un brandy, que calentó su espíritu pero no su cuerpo. Aquella noche la pasó en vela, entre ansiosa y angustiada, esperando el calor de un amante que nunca llegó.

martes, 3 de mayo de 2011

Soledad

Enrique era ingeniero civil, tenía una especialización en puentes, vivía con su familia, tenía un trabajo estable, una casa grande, un carro y una soledad terrible. Su vida con Andrea y con sus tres hijos había caído en una monotonía absoluta.  Su vida se iba entre los trabajos de planeación en una firma contratista, los sobornos a los mandatarios de turno para ganarse las licitaciones y el acto sexual cotidiano con su esposa. Una noche, cuando salía de su oficina, conoció a Vanessa, una secretaria que trabajaba en una oficina del quinto piso. Desde entonces, su rutina cambió. Ya no soborna, no planea y no hace el acto sexual con Andrea sino con Vanessa. En el fondo, Enrique se siente igual de solo, porque sabe que su nueva vida  también es rutinaria.

sábado, 30 de abril de 2011

Día del trabajo

Augusto se levantaba todos los días a buscar trabajo. Durante tres años, sin descanso, hizo lo mismo, y solo obtuvo algunas promesas. En la mañana del 1 de mayo, cuando iba a levantarse, pensó en todo el tiempo que llevaba haciendo lo mismo y decidió sacar unas merecidas vacaciones.

viernes, 29 de abril de 2011

En el espejo

La mujer del espejo no era la misma. Nunca lo era, pero aquella mañana las diferencias eran extremas. La del espejo era vieja, se veía estresada, desilusionada y triste. La que miraba apenas tenía 26 años, había disfrutado de una noche de placer y vinos, y estaba feliz por la propuesta que había recibido de Andrés. La del espejo no tenía aspiraciones, sólo angustias; eso decía su rostro. La que miraba se llamaba Laura, recién había terminado sus estudios de especialización y tenía un trabajo estable. Ambas eran la misma, pero eran muy diferentes. La que miraba estaba extrañada, la que era mirada estaba ensimismada. Así pasaron varios meses. Un día, la mujer del espejo estaba en él, mirando a Laura, que había sufrido una terrible decepción.

jueves, 28 de abril de 2011

Edad Otoñal

Hay una edad en la que el mundo comienza a verse en perspectiva; en la que el ser humano empieza a tomar distancia para  empezar a comprender muchas de las cosas ocurridas. Anoche, mientras sentía en mi cara ese calor húmedo y lluvioso propio de los países tropicales como el nuestro, en una habitación de un viejo hotel viví la soledad de quien sabe que es menos el tiempo que le queda por vivir que el que ha acumulado en su sobrevivencia. Por primera vez tuve eso que llaman “mirada panorámica”. Desde la ventana miré la ciudad y la vi ajena, distinta  y lenta. Eran las tres de la madrugada y en las calles la gente desapareció y le dio paso al frío cemento mojado por la intermitente lluvia. Mecánicamente prendí el televisor, pero en sus 130 canales no encontré ninguna compañía. Tampoco la hallé en internet, pues en las salas de chat y en el Messenger solo estaban conectados algunos  extraños con quienes un saludo de dos líneas era demasiado texto para compartir. Miré nuevamente por la ventana del hotel y en cada detalle de aquellas calles que se pronunciaban hacia el infinito empecé a recordar, a soñar y a sentir la verdadera soledad.  Era lunes, Medellín se extendía solitaria cinco pisos debajo de mí, y en la habitación 503 sentí por primera vez que la edad otoñal había llegado.  

martes, 26 de abril de 2011

Agua

Pasaron muchos años antes de que aquella intensa lluvia terminara. Las calles ya eran ríos, los ríos eran mares, los hombres eran peces y los árboles se habían convertido en algas. Cuando se fue la lluvia, el mundo se murió de sed.

lunes, 25 de abril de 2011

Adiós Luna

Desde aquella noche de viernes septembrino, la luna no pudo volver a salir. Un enamorado irresponsable se la regaló a su amada de turno, sin prever que ella la recibiría con gusto.

domingo, 24 de abril de 2011

Invierno

Las primeras goteras cayeron sobre mi frente. La lluvia se llevó el paseo dominical de los habitantes de los estratos altos y el techo de los que el fin de semana viven  en los estratos bajos con la misma angustia de los días llamados normales. El fuerte aguacero de aquella tarde en Medellín inundó muchos de los barrios de las laderas de la ciudad al tiempo que despejó mis dudas y mis pensamientos frente a la decisión tomada la noche anterior.  Hacer justicia por mi propia cuenta era mi cometido y la pertinaz lluvia que cayó hasta la media noche colaboró con el toque lúgubre al ambiente en el que cometí el delito. A la mañana siguiente, mientras los organismos de socorro recogían a más de un damnificado, un grupo de fiscales levantaba el cadáver de la mujer que jugó con los sentimientos de un hombre del que desconocía su instinto asesino.

viernes, 22 de abril de 2011

Rara enfermedad

Desde aquella tarde de abril en la que entró al hospital, sintió que el tiempo corría más despacio. Demasiado lento. Nunca supo lo que realmente tenía, de lo que siempre estuvo seguro fue de querer salir corriendo de aquellas paredes blancas, pero nunca pudo hacerlo porque sus piernas también se movían en cámara lenta. 

miércoles, 20 de abril de 2011

Pelea

En la habitación solo quedaba una mujer de espaldas al mundo. Le hacían compañía una almohada blanca, una lámpara encendida y un radio gangoso que en voz baja vomitaba música popular. Afuera, Medellín recibía temerosa la peligrosa noche mientras que en aquella pieza se escenificaba una sanguinaria lucha entre la mujer y ella misma.

martes, 19 de abril de 2011

Fin del mundo

Despertó y ya era de noche. Miró por la ventana, disfrutó la oscuridad y decidió salir de aquella casa que durante 47 años había sido simultáneamente su morada, su templo y su cárcel. Quería degustar el sabor de la libertad. Caminó hacia el norte y luego subió por las estrechas calles de un barrio que sólo conocía por los coloridos letreros de los buses y por las noticias de orden público en los noticieros de la televisión local. Escaló aquella calle larga y delgada hasta que el asfalto se transformó  en unos rieles, y éstos, en unas eternas escalas. Ante la mirada desconfiada de los pocos ojos que habitaban la noche y que se escondían entre capuchas y bufandas decidió seguir hacia arriba. Escaló tanto que encontró el fin del mundo, nada distinto a su templo, nada diferente a su cárcel, igual a su morada. Estando allí, no quiso regresar.

lunes, 18 de abril de 2011

Manicomio

Aunque estaba interno en el manicomio desde el 14 de enero, en el fondo sabía que no estaba totalmente desquiciado.  No fueron los pacientes, ni el encierro, ni el olor a manicomio. Ni siquiera el contacto con aquellas cuatro paredes, que más que una habitación de una clínica de reposo hacían las veces de una celda en una cárcel, lo que terminó por enloquecerme. Fueron los diálogos con los siquiatras, que me creían loco, lo que terminó por desquiciarme.  Ya no duermo, simplemente deambulo día y noche. Han pasado 11 años desde aquel enero, y lo único que hago es escribir la misma frase: "tengo que escribir", "tengo que escribir", "tengo que escribir".

domingo, 17 de abril de 2011

Las palabras

Nunca antes me habían callado de esa forma; nunca antes me habían agredido en un momento tan ceremonioso; nunca antes me habían cortado mis palabras. Aquel barrista del cabello largo y figura de líder universitario de los años 60 lo hizo; gritó a todo pulmón en medio de mis palabras. En aquel momento, sin darme cuenta, mis palabras saltaron en silencio y sin elevar su tono, conservaron la fuerza de su contenido. Las de él salieron con fuerza y se perdieron en el espacio; las mías están retumbando en los oídos de los asistentes.

viernes, 15 de abril de 2011

Siglo XXI

Cuando despertó, Zeus se vio sorprendido. No entendía este nuevo mundo. El suyo era de Dioses y mitos, tenía hazañas, batallas y rayos. Este nuevo, al que había llegado después de un aletargado sueño, no tenía héroes ni historias increíbles. Solo había maldad, destrucción e incrédulos. Mientras más trataba de entender, más confundido quedaba. Los Dioses habían desaparecido y ya solo existía el azar. Aquella mañana del 31 de diciembre de 2008, por primera vez en su inmortal vida, Zeus lloró de tristeza.  

miércoles, 13 de abril de 2011

Nico y su cicla

Nicolás cerró la ducha, pensó en la cita amorosa que incumplió la noche anterior, cogió la toalla y se dispuso a salir para su clase de ocho.  En su bicicleta, cruzó la Calle San Juan, tomó la ciclo ruta rumbo al norte y mientras una llovizna golpeaba su rostro, pedaleó tranquilo hacia la Universidad Nacional. Cuando cruzó la Calle Colombia, el suspenso de los carros que subían hacia el Estadio lo hizo pensar en que su ciudad había cambiado. Avanzó doce metros, y en la fugacidad de un respiro, se convirtió en otra estrella negra en una vía de Medellín.

sábado, 9 de abril de 2011

Problemas

Por aquellos días, Enrique estaba distraído. Mientras contaba las hojas del guayacán del patio que caían al piso, silenciosamente las sencillas tareas que tenía sobre su escritorio se fueron acumulando hasta convertirse en problemas complejos. Cuando reaccionó, abrió un correo de su jefe. Lo habían despedido de su trabajo y el 15 debía pasar por la liquidación.

viernes, 8 de abril de 2011

Rascacielos

Cuando llegué al piso 43 miré para abajo. Las personas parecían hormigas y los carros pequeños juguetes. Sin avisar, el vértigo me atacó y no me dio tiempo de reaccionar.  A pesar del fuerte mareo, seguí subiendo lentamente, sin saber cuándo encontraría la terraza a la que pienso llegar para jugar con los carros de juguete que llevo en el bolsillo.

martes, 5 de abril de 2011

Hipocondriaca

Julieth siempre fue una mujer enferma. Le dolía la cabeza, el cuerpo y sobre todo, el alma. Su vida se debatía entre pastillas, jarabes, inyecciones, sicólogos y ungüentos. Una noche, al llegar a su casa, se encontró una bala perdida, y por primera vez en su vida sintió un alivio total. 

lunes, 4 de abril de 2011

Despertar

Después de muchos años, las palabras fluyeron entre los dos. Decidieron cortar el profundo silencio que durante muchos años les señaló caminos opuestos. El tiempo había ocultado un mundo completo entre ambos y era el momento de descubrirlo. El sentimiento se desató justo cuando Ricardo escuchó el timbre del celular y volvió despierto a su soledad de siempre.

sábado, 2 de abril de 2011

Pelota muerta

La tribuna guardó un silencio eterno luego de aquel partido que había sido suspendido para siempre. Desde aquella tarde de un sábado cualquiera, el inmenso estadio cerró sus puertas al espectáculo. En la cancha reposó para siempre el cuerpo inerte de un balón que ya nadie quiso volver a patear.

jueves, 31 de marzo de 2011

Aquellos ojos

La cita semanal era suficiente para alimentar un sentimiento que solo se expresaba en el cruce de unas miradas cómplices. Con sólo tener al frente aquellos ojos, el mundo cambiaba su ritmo y el corazón su palpitar. Por eso, Juan acudía religiosamente a la cita. En uno de esos infaltables domingos lluviosos, los ojos ya no estaban al frente, desparecieron de su vista. El sentimiento de Juan permaneció inmune.

martes, 29 de marzo de 2011

El señor de la bici

Desde la ventana de su casa, Gonzalo veía pasar todos los días al señor de la bicicleta, justo a la media noche. Era una rutina, un verdadero ritual. Sin falta, lo había hecho igual todos los días, sin importar la época del año ni las condiciones del clima, desde hacía exactamente 13 años. Aquella noche de martes, 13 de junio, Gonzalo se preguntó por primera vez qué historia se escondería detrás del señor de la bici. Pero como el 13 es signo de mala suerte, aquella noche notó que el señor había dejado de pasar para siempre.

lunes, 28 de marzo de 2011

De paseo

Julián se levantó temprano a preparar la maleta. Esa tarde haría otro viaje. Empacó su portátil, el libro de Joyce que leía para el curso de Literatura, un radio pequeño, dos lapiceros y el porro. Llegó a la universidad y de inmediato se fue a su rincón. El viaje fue corto pero intenso. Cuando regresó, la maleta no estaba.

domingo, 27 de marzo de 2011

El batracio

Esa noche, aquel insecto que se creía el dueño del mundo tomó la pelota y me sacó de la cancha. No sentí rabia sino risa. Una vez más el batracio hizo gala de su soledad en un rincón del mundo que lleva sus iniciales. El mundo está lleno de bichos y de buenos libros.

viernes, 25 de marzo de 2011

En el banco

Ver desde afuera la larga fila que había en la oficina del banco fue motivo suficiente para desesperarse. Se descompuso de tal forma que vociferó improperios contra todo el sistema financiero. Media hora después salió a la calle con la certeza de que su entierro no sería una carga económica para su familia. En los 30 minutos más largos de su vida, había pagado en efectivo el costo de su funeral. Ahora solo la faltaba esperar en una fila mucho más larga, pero con ningún orden lineal, el momento de su muerte.

jueves, 24 de marzo de 2011

Dulce voz

De aquel amor puro y profundo únicamente conserva ilusiones y sueños. Habían pasado los siglos sin dar a conocer aquel sentimiento que comenzaba a transformarse en enfermedad terminal. Sólo vivía atento a la llegada del atardecer, el momento del día que le permitía  escuchar esa dulce voz. Una tarde de otoño, mientras llovía a cántaros, sintió un susurro suave en sus oídos. De inmediato, despertó.

miércoles, 23 de marzo de 2011

A cuestas

      Samuel llevaba con gusto en sus espaldas una carga que doblaba el peso de su frágil cuerpo. Entre admiración y asombro, media ciudad seguía sus pasos. Cada paso que daba lo acercaba hacia el final de camino. El peso de la culpa florecía en su dorso mientras los demás lo creían un hombre de bien.  

martes, 22 de marzo de 2011

La clase

Con su voz grave y su tono dramático, el maestro terminó de leerle al grupo aquella vieja historia de Calvino que tanto lo transportaba a otros escenarios. Cerró el libro, levantó la cabeza y miró hacia el fondo del salón. Allí estaban casi todos sus alumnos metidos en otro cuento.

lunes, 21 de marzo de 2011

Letras

Cuando el frío de la noche se filtraba por las hendijas de la ventana de su cuarto, Angélica terminó de escribir las últimas letras del texto que le cambiaría su vida. Aquella autobiogrfía contaba con dolor todo lo que ella había sido y desde aquella noche fue el texto de lo que nunca volvería a ser.

domingo, 20 de marzo de 2011

Pesadilla

Mariana nunca supo que Gabriel la engañaba. Solo en sueños sospechó de su infidelidad. Por eso, el día que lo descubrió con otra en su propio cuarto creyó que era una pesadilla, e intentó despertar.

sábado, 19 de marzo de 2011

Frankestein

Esta madrugada, al leer el twitter, ratifiqué mi sospecha: el viejo Frankestein había vendido su conciencia por un plato de lentejas. Se evidencia en sus trinos. Apenas entendible, pues Franky siempre fue un mostruo gótico, un prometeo moderno, manejado por unos pocos para robarles el fuego a los dioses.

jueves, 17 de marzo de 2011

Fulminante

      Aquella mirada llevaba dos años posada sobre mí, pero nunca antes había sentido su peso. Los años la maduraron, los sentimientos le dieron cuerpo y con la complicidad del silencio había adquirido una fuerza que ya no era natural. Fue en agosto cuando me golpeó con fuerza y noqueó todos mis sentidos. Estoy a su merced, tirado en el ring de la vida sin poderme levantar.

miércoles, 16 de marzo de 2011

En el chat

      Juan Sebastián miró la pantalla, le dio doble click a sus sentimientos, y cuando leyó aquel mensaje que tenía guardado, decidió no responderlo y cortar para siempre aquel amor con Lucía que había  nacido en la virtualidad por un mensaje a un destinatario equivocado.

martes, 15 de marzo de 2011

El sol

Aquella mañana de junio el sol salió por el occidente. Fue un sencillo acto de terquedad y rebeldía. Los astros suelen ser así.

lunes, 14 de marzo de 2011

El regreso

Por una noche, el maestro regresó a los años de su primera juventud. Tras un corto recorrido por las viejas calles del barrio,  comprobó que la estática también es vida. En una sola noche, vivió segundo a segundo y de manera intensa los 25 años de vida que se debía a sí mismo.

domingo, 13 de marzo de 2011

El viaje

La noche en que Ignacio desistió de hacer el viaje que le cambiaría el rumbo de su vida, todos en su casa lo miraron como si el perro hubiese hablado, menos el perro, que sin hablar, expresó su satisfacción por la decisión de su amo.

sábado, 12 de marzo de 2011

Cosas del fútbol

Freddy cerró los ojos y pateó fuertemente el balón que encontró abandonado en el jardín de su casa. Segundos después, se escucharon los aplausos de toda la ciudad que celebraba a rabiar el primer título de su equipo.

viernes, 11 de marzo de 2011

Momento onírico

Esa noche, cuando todos disfrutaban del cómplice silencio del sueño, él sufría la pesadilla de un imsomnio eterno.

jueves, 10 de marzo de 2011

Ojos que hablan

Los ojos de aquella niña expresaban el desprecio de toda una generación que nunca supo qué era el amor.

miércoles, 9 de marzo de 2011

El literato

Aquella tarde, mientras escribía un cuento corto, entendió que todo en la vida, hasta él mismo, es una ficción.

martes, 8 de marzo de 2011

lunes, 7 de marzo de 2011

Ceguera

La noche le golpeó los ojos justo en el momento en que él la esperaba para darle la bienvenida. Desde entonces, no pudo volver a ver

domingo, 6 de marzo de 2011