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miércoles, 22 de julio de 2026

La sonrisa

En Bogotá hay un tipo de llovizna que no obliga a buscar refugio. Apenas ensucia los lentes, humedece las mangas de la chaqueta y hace que la ciudad parezca más gris de lo habitual. Es de esas lluvias que mojan más los pensamientos que el cuerpo.

Aquel lunes festivo, Julián salió del hotel sin paraguas. Había pasado el día trabajando. Caminó hasta una hamburguesería junto al parque de la calle 97 con la carrera 19. La cajera le sonrió cuando le entregó el pedido y Julián respondió por cortesía. Siempre le habían inspirado confianza las personas que sonreían.

Comió despacio, mirando por la ventana cómo la gente apresuraba el paso para escampar, no de la lluvia, sino de los afanes diarios. Cuando salió, el frío lo golpeó de inmediato. El parque estaba vacío. Un columpio se movía apenas por el viento. Las ramas húmedas de los árboles filtraban la luz amarilla de los postes. Por un momento tuvo la extraña sensación de estar absolutamente solo en una ciudad que acababa de ser abandonada.

Aceleró el paso. Cuando llegó a la esquina escuchó una motocicleta acercándose. Eran dos hombres. Nada diferente a los miles que recorren Bogotá cada noche. Todo ocurrió demasiado rápido. El parrillero abajo, el cañón de una pistola contra la frente y una orden seca:

 - Entrégueme todo.

 Julián dudó apenas un segundo. Fue suficiente. La patada a la altura de las rodillas, lo hizo caer sobre el pavimento mojado.

¡Qué hubo pues! El celular, la plata y la billetera… o se muere.

Rápidamente entregó el teléfono, el dinero y los audífonos y vio al hombre subir nuevamente a la moto con una sonrisa torpe, casi infantil. Pensó que había terminado. Tres segundos después, el ladrón estaba otra vez frente a él, con la misma sonrisa.

- ¡La billetera también!

 Esta vez no dudó, y mucho menos pensó en discutir. La sacó del bolsillo trasero y la entregó.

 La moto arrancó con violencia y ocurrió algo inesperado. La billetera resbaló de la mano del parrillero y cayó sobre el asfalto. El tiempo se volvió extraño. Julián observó la billetera y después observó la moto alejándose. Miró nuevamente la billetera en el piso, y luego vio cómo la motocicleta, a más de una cuadra, disminuía la velocidad mientras los dos hombres parecían discutir. Habían notado la pérdida. Iban a regresar.

Julián no pensó. Tomó la billetera y salió en dirección contraria. Corrió como nunca. La lluvia le golpeaba la cara. Las piernas le dolían. Respiraba con un ruido áspero. Detrás de él, el motor de la motocicleta sonaba cada vez más cerca.

Corrió varias cuadras hasta un centro médico sobre la calle 100. En la puerta encontró a un vigilante. Era un hombre moreno, de uniforme azul oscuro, refugiado en la portería, que sonreía mientras observaba caer la lluvia.

- Me acaban de robar y vienen por mí, dijo Julián.

 El vigilante levantó lentamente la vista.

 - ¿Usted está bien?, preguntó.

Julián asintió. Entre respiraciones cortadas contó la historia: la moto, el arma, la caída, la billetera. El hombre escuchó sin interrumpirlo. Después miró la billetera que Julián todavía sostenía entre las manos. Sonrió. Fue una sonrisa torpe. Creyó reconocer la misma que había visto unos minutos antes en el rostro del ladrón.

Julián sintió escalofrío. La lluvia seguía cayendo. El vigilante dijo algo más, tal vez una recomendación, tal vez una pregunta. Julián ya no lo escuchó.  

Desde entonces, cuando una motocicleta disminuye la velocidad a su lado, Julián baja la mirada antes de levantarla hacia quien conduce. Nunca busca el arma. Busca la sonrisa.


martes, 27 de agosto de 2019

Un viernes en la mesa del rincón

Carolina terminó su último trago de cerveza justo cuando el disco de Mariah Carey llegó a su final. Ambos entendieron que era hora de regresar. Estaban a casi dos horas de la ciudad y la noche empezaba a caer. Cuando se despidieron, Julián le prometió que la llamaría el viernes. Nunca lo hizo. 

Carolina lo volvió a ver dos años después, en un restaurante de la zona rosa. Julián estaba cenando con Mary, la compañera de trabajo de Julián de la que ella siempre tuvo celos y de la que Julián siempre decía que era demasiado gruñona con él. Estaban en la mesa del rincón. Le causó mucha gracia ver que se dieron un beso apasionado, antes de que ella pagara la cuenta. Era viernes. 

sábado, 10 de agosto de 2019

Mentiras en el parque

Los parques están llenos de falsedades: la señora que finge cuidar a su niño mientras se ocupa de cosas banales en el celular, los chicos que simulan hacer deporte mientras arman sus baretos para darse un vuelo, los enamorados que  se dicen palabras lindas para ocultar sus deseos desenfrenados y las palomas que se muestran dóciles y tiernas mientras cagan todo lo que sobrevuelan. Justo en el parque fue donde se conocieron Julián y Liz. Él le habló de su profesión de docente y ella de sus estudios avanzados en historia. Él, del encanto por los perros. Ella, de su pasión por los aeróbicos. Hablaron de fútbol, de las hamburguesas, del rock y de lo mucho que les gustaba ir al parque al final de la tarde. Bastaron tres encuentros para  descubrir que estaban hechos el uno para el otro. Necesitaron solo dos meses para descubrir que el mundo está lleno de mentiras, como los parques. 

sábado, 23 de abril de 2016

Amor de ficción

El amor entre Diana y Julián se alimentaba de cuentos. Él, agente viajero que vivía entre aeropuertos y hoteles, le escribía ficciones en cada rincón del mundo en el que lo cogía la noche. Ella, destacada docente universitaria de física cuántica, imaginaba aquellas historias cada noche mientras miraba el mapamundi de su agenda y ubicaba su destino. Los cuentos de Julián estaban escritos a mano en hojas sueltas, en cuadernos sin ningún orden, al respaldo de volantes comerciales y en algunas servilletas. Él los escribía para Diana, pero ella le pidió que nunca se los enviara.  Imaginar sus textos, las situaciones que en ellos se planteaban y sus finales inesperados; incluso, imaginar a Julián escribiéndo para ella en un cualquier rincón del mundo era la forma que había escogido para alimentar a diario aquel amor de ficción.