Adriana estaba sumergida desde el final de la tarde en la lectura de una novela de Kawabata y William luchaba contra el sueño que lo tenía dominado. El apartamento estaba silencioso y el único ruido eventual era el paso de algún avión en búsqueda de destino. William, en la cama, cerró los ojos y de inmediato aparecieron sus sueños reiterativos: casas vacías, mesas largas con una sola silla y fiestas donde nadie lo esperaba.
Adriana, en el sofá, terminó el penúltimo capítulo, limpió sus gafas, levantó la mirada y se percató del sueño profundo en el que estaba su pareja. Jamás se hubiera imaginado la pesadilla en la que estaba. Soñó con eucaliptos y guayacanes amarillos alineados a la orilla de una carretera, golpeados fuertemente por el viento. Al final del camino estaba Adriana esperándolo, pero el viento no le permitía avanzar hacia ella.
A las 2:00 de la mañana William se despertó abruptamente con la sensación de que seguía soñando. El apartamento estaba iluminado por los rayos de una intensa luna llena que se metían por la ventana. Adriana estaba sentada en la cama, con el libro sobre las piernas, con la combinación de rabia y tristeza que siempre le generaban los textos del escritor japonés. Vio despertarse a William y lo miró por encima de las gafas. Él se sintió inspeccionado.
William se sintió sediento, pero optó por permanecer inmóvil. Lo incomodaba la fría mirada de Adriana. Notó que tenía el mismo vestido ligero color naranja, los labios pintados con un labial color tierra y el cabello suelto, como en su sueño. Tragó saliva para calmar la sed. La miró, quiso hablarle, pero prefirió el silencio. Sintió un escalofrío raro al verla petrificada con su mirada clavada en él, en completo silencio. Los sorprendió escuchar un sonido de una fiesta en algún lugar cercano, y ver el apartamento vacío con una sola silla en la mesa.
En un acto reflejo y brusco, William trató de ponerse en pie para ir hasta el sofá y hablar con Adriana, pero no pudo moverse. El fuerte viento que en ese momento comenzó a soplar por la ventana del apartamento se lo impidió.